El periodo de un año desde que Donald Trump asumió la presidencia de Estados Unidos se ha caracterizado por un cambio significativo en el enfoque de relaciones internacionales del país. Durante su mandato, ha roto con el sistema internacional basado en reglas y alianzas que han predominado en el escenario global durante los últimos 80 años. Esta postura ha generado un dinamismo controversial y de largo alcance en el ámbito geopolítico.
Kevin Hassett, asesor económico de la Casa Blanca, mencionó que en la próxima alocución de Trump en Davos se abordará el nuevo orden mundial que el presidente está impulsando. Desde la administración de Eisenhower, este concepto ha sido utilizado por líderes estadounidenses en contextos diversos. Sin embargo, Trump ha adoptado un enfoque distintivo al alterar el statu quo, contrario a sus predecesores que se beneficiaban de él.
Trump ha implementado cambios significativos en su política exterior. En contraste con sus promesas iniciales de desinvolucrarse de conflictos bélicos y estrategias de nation building, ha solicitado un aumento significativo del presupuesto del Pentágono. Asimismo, ha asumido roles internacionales, como el de presidente en funciones de Venezuela y director de la Junta para la Paz en Gaza. Además, busca aumentar la influencia de Estados Unidos sobre Groenlandia.
Históricamente, presidentes como Franklin D. Roosevelt y George H. W. Bush promovieron un nuevo orden mundial en contextos de posguerra. Bush, por ejemplo, articuló esta visión durante y después de la Guerra del Golfo en 1991. Trump, sin embargo, está redefiniendo lo que esto implica, desafiando las estructuras multilaterales y potencialmente estableciendo un marco gobernado por la supremacía y el poder en lugar de la cooperación internacional.
La perspectiva expresada por el historiador Walter Russell Mead sugiere que Trump ve a Estados Unidos en una encrucijada, buscando transformar el orden mundial más allá de la cooperación tradicional y hacia un marco liderado por potencias individuales dominantes. La relocalización del retrato de James Polk a la Casa Blanca simboliza esta aspiración de expansión y dominio nacional.
