El Triunfo de Seattle: Fútbol Americano en la Arena Política
La edición 60 del Supertazón se transformó en un terreno de competencia tanto deportiva como política, coronando a los Halcones Marinos de Seattle con un 29-13 sobre los Patriotas de Nueva Inglaterra. Este evento no solo rompió récords de apuestas, sino que también sobresalió por la presencia de elementos políticos tangibles.
El Levis Stadium, con boletos que promediaron los 6200 dólares, fue testigo de contrastes. A las denuncias de racismo policial y las protestas contra el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) se sumó una banda sonora particular, con Green Day interpretando American Idiot, una declaración envuelta en punk rock. Mientras tanto, Donald Trump eligió ausentarse del evento por motivos logísticos, aunque su ausencia no pasó desapercibida.
Sam Darnold, el mariscal de campo de Seattle, desempeñó un papel central en el juego, resarciendo su reputación de eterna promesa. Impulsó una actuación estelar de Jason Myers, quien anotó cuatro goles de campo consecutivos y superó los 200 puntos en la temporada. Seattle regresó a una final desde su última aparición en 2014, enfrentándose nuevamente a los Patriotas de Tom Brady, logrando reivindicarse en esta ocasión.
Según las apuestas, alrededor de mil 760 millones de dólares circularon en el mercado, favoreciendo mayoritariamente a los Halcones. La jugada crucial, un balón suelto de Drake Maye recuperado por Byron Murphy II, reforzó esta tendencia al encontrar Darnold a AJ Barner en las diagonales, ampliando la ventaja a 19-0.
El contexto político se evidenció cuando un video de aficionados mostrando una toalla con ICE Out se viralizó en redes. Las acciones de juego adquirieron simbolismo político, como la crítica de Trump al espectáculo de medio tiempo liderado por Bad Bunny, catalogándolo como uno de los peores de la historia.
La noche cerró con Kenneth Walker III, corredor de Seattle, siendo nombrado Jugador Más Valioso, destacando con 137 yardas, y convirtiéndose en el primer corredor en recibir este honor desde 1998. Con su victoria, Seattle reafirmó el antiguo estilo del fútbol americano en medio de un clima político y social convulso.
